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La certificación profesional basada en la ISO 17024: El mercado laboral pone en valor las competencias

La certificación profesional basada en la ISO 17024: El mercado laboral pone en valor las competencias

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La Agencia de Certificación Profesional (ACP), junto a la Agencia de Calificación de los Profesionales de la Ingeniería (AQPE), organizó una sesión sobre “La ISO 17024 como herramienta de mejora” que tuvo lugar en la sede del Col·legi d’Aparelladors de Barcelona en el marco del Congrés de les Professions. El objetivo era trasladar a los profesionales colegiados la situación nacional e internacional del mercado laboral y la contribución de la norma ISO 17024 a la mejora de la competitividad.

Hablar de certificación profesional nos remite, según el presidente de la Associació Catalana d’Enginyers de Telecomunicació, Pedro Linares, “a la obligación que tienen los colegios profesionales de velar por la calidad y excelencia en el ejercicio de la profesión, para ello es preciso reconocer su formación, pero también su experiencia, su trayectoria y sus experiencias”. De aquí la ISO 17024.

Esta normativa es el reconocimiento público, documentado, formal y temporal demostrado por un profesional en base a la evaluación de sus competencias, lo que implica la expedición por parte de una institución autorizada, de una certificación que las acredite.

La sesión fue inaugurada por el presidente del CAATEEB, Jordi Gosalves, y comenzó con una intervención del experto en recursos humanos Jordi Pla, director de Pla&Associats, quien dibujó un entorno laboral cambiante, “con un mapa de conocimientos, de ocupación y de formación que no acaba de encajar con las necesidades de las compañías”, lo que genera la paradoja de una alta tasa de paro y unas empresas con dificultades para cubrir sus vacantes. “hoy las empresas demandan nuevas profesiones y nuevos conocimientos orientados hacia el mundo de las nuevas tecnologías, hacia un entorno digital o el big data”, asegura Pla, quien destacó que existe un grave déficit de informáticos que se agravará en el futuro, y de especialistas en servicios socio-sanitarios.

Una de las conclusiones de Pla es que de aquí a 20 años tendremos un 60% de ocupaciones que hoy en día no existen, como arqueólogos digitales o responsable de relaciones digitales. Se perfila, en definitiva, un nuevo mercado laboral muy globalizado, donde no habrá barreras y donde todo aquello que no esté en la red no existirá”.

“La aceleración del cambio generará unos niveles de obsolescencia desconocidos hasta el momento”, afirma Pla, “en sólo cuatro o cinco años, las tecnologías avanzarán tanto que las personas que no sean capaces de afrontar los cambios tecnológicos perderán competitividad, al mismo tiempo, será un mercado reactivo, donde habrá poco tiempo para planificar, y muy orientado a proyectos, donde lo que contará realmente será el talento y la innovación”.

El hecho de trabajar por proyectos, en estructuras colaborativas, asumiendo roles diferentes en cada uno de los diferentes grupos en los que trabajemos, hace que entre en crisis el concepto tradicional de empresa. “La relación de las personas con las compañías dejará de ser contractual para convertirse en una unión de intereses, donde lo que realmente importará será el valor que el trabajador pueda aportar como individuo a los objetivos de un colectivo determinado”, asegura Pla.

Este valor es lo que, de alguna manera, mide la certificación profesional. La gerente de ACP, Diana Tallo, cree que los rasgos básicos de la certificación son la diferenciación, el conocimiento y el aval profesional, y que esto da garantías a las empresas, instituciones y a la sociedad respecto a las competencias de una persona.

“Uno de los conceptos fundamentales de la certificación profesional es la competencia” asegura Tallo, “es decir, el saber hacer, los conocimientos y las habilidades que tiene un profesional a la hora de realizar una tarea determinada”.

Tallo se refiere a un estudio elaborado por ACP que indica cuales son las exigencias en diferentes países del mundo para poder ejercer en el sector de la edificación, según el cual en el entorno asiático, Qatar y China, son prácticamente inexistentes, mientras que en Chile y Brasil existe un registro de profesionales basado en la titulación; México y España se basan en la colegiación, mientras que en Alemania y el Reino Unido se da un paso más allá y disponen de organizaciones profesionales, a las que se accede por membresía, que se basa en la titulación y la demostración de que se trabaja efectivamente en el sector del cual se requieren las aptitudes. Finalmente, en un nivel de exigencia superior, nos encontramos con Estados Unidos y Francia, donde se habla claramente de la necesidad de una certificación profesional basada en la norma ISO 17024.

Según la gerente de ACP, esto nos dibuja un panorama “en el que el reconocimiento exigido está estrechamente vinculado con la madurez del mercado”. También destaca el hecho de que “en España han ido creciendo los sistemas de certificación, lo que nos hace pensar que es un concept que se va consolidando”.

ACP decidió hacer sus certificaciones a partir de la norma ISO 17024 por las garantías que ofrecía y por su alcance “mucho más global e internacional”. Recientemente la ENAC, la entidad designada por el Gobierno del Estado para operar en España como único organismo nacional de acreditación, ha hecho público un informe del que se desprende un crecimiento de entidades certificadoras y del número de sectores profesionales que requieren la certificación. ENAC ha acreditado hace pocas semanas a ACP como entidad certificadora.

Diana Tallo, afirmó que “en un mercado laboral como el que nos acercamos, es necesario poner en valor las competencias que tienes un profesional, especialmente cuando el mundo es cada vez más global y es más frecuente buscar oportunidades profesionales en el extranjero, pero cada vez son más las compañías foráneas que quieren trabajar aquí y aportan profesionales certificados”. La gerente de ACP asegura que “uno de los hechos determinantes el de la liberalización del mercado, que aún no sabemos cómo se implementará en España, pero que llegará y exigirá que nuestros profesionales pongan en valor sus capacidades, para lo que hay que ofrecer herramientas voluntarias que, cómo es el caso de la certificación profesional, incrementen su competitividad”.

El director general de la AQPE, Francesc González, destacó que una de las virtudes de la ISO 17024 es la de “ofrecer un lenguaje común con los otros países; difícilmente tendremos una homogenización y un reconocimiento total de las titulaciones, pero estamos intentando que, al menos, por lo que se refiere a la ingeniería, haya un acuerdo global de certificación”.

Los cambios que viven las universidades no son ajenos. Ya no hay una escuela que enseña un programa, hay universidades que ofrecen programas multidisciplinares y la titulación no es lo más importante, de hecho, hoy en España hay 700 títulos que llevan la palabra ingeniero, y eso hace muy difícil para la sociedad, las empresas o las administraciones saber quién es la persona que tienen delante. “Por aquí va la certificación”, afirma  González, “pues te dice que conocimientos, que competencias y que experiencia tiene la persona que se sienta delante de ti”.

“Esto tiene mucho que ver con lo que decía Jordi Pla sobre las profesiones del futuro”, asegura González, “pues es importante cuando seleccionamos a una persona que posea unas competencias determinadas, pero cuando cada vez hay más profesiones nuevas, en las que es absurdo buscar experiencia porque no existe, lo que se necesita es centrarse en unas capacidades que expliquen la forma de desenvolverse de un candidato”.

González destacó el hecho de que “las aseguradoras saben que somos un buen negocio, puesto que los ingenieros certificados reciben importantes descuentos”:

El secretario técnico del Consejo General de Colegios de Ingenieros Industriales, Juan Blanco, intervino en representación de la Asociación de de Ingenieros Profesionales de España (AIEPE) para afirmar que “los colegios podemos estar interesados en una certificación profesional que vaya más allá de la titulación y la simple colegiación a la hora de ejercer una profesión, más cuando en este momento la regulación de las profesiones está en entredicho”.

Blanco se refirió a la transposición de la normativa europea “que hace que cada vez sea más fácil regularizar un número mayor de profesiones, pero puede pasar que se llegue a una regulación por actividades, en la que la titulación sin llegar a ser un elemento accesorio, sea insuficiente para demostrar unas determinadas competencias que permiten ejercer una profesión”.

Esto es lo que da pie a la certificación profesional para todas aquellas personas que quieran demostrar sus competencias, pero también su compromiso con unos determinados estándares deontológicos. En este sentido Blanco manifestó la necesidad de que “las entidades certificadoras tengan plena independencia, especialmente de los propios colegios profesionales, puesto que en caso contrario pueden acabar por convertirse en una especie de colegiación VIP”.

Salvador Capuz, de la Asociación Española de Dirección e Ingeniería de Proyectos (AEIPRO) recuperó la intervención de Jordi Pla para recordar que “hoy en día ya se está trabajando por proyectos, de hecho el 30% del PIB alemán se desarrolla de esta forma y se prevé que, en el año 2025, ya sea el 50%”. Esta nueva forma de trabajo hace que las empresas de recursos humanos busquen profesionales muy bien cualificados, lo que se logra a través de una valoración transversal, que comienza con el título, pero que sigue con el desarrollo profesional, donde se consideran aspectos como la adquisición de valores o la maestría que se tenga en un determinado ámbito profesional”.

La inmensa mayoría de los profesionales certificados por AIEPRO son ingenieros, arquitectos o aparejadores, pero para poder ejercer como project manager no se exige una titulación, sino haber dirigido proyectos. Esto es lo que da garantías al mercado y lo que reconoce la certificación”, asegura Capuz.

Para el representante de la AIEPRO “la certificación no es, ni debe ser, obligatoria, pero es evidente que quien la tiene es alguien que está formado continuamente y que quiere ir a más”.